Estefanía Molina: «2015 fue la cristalización de un sistema que ya estaba agotado»

Estefanía Molina, en Comunicación para Todos

El berrinche comenzó a gestarse en España el 20 de diciembre de 2015. Esto es, una “decepción acelerada” de gran parte de los ciudadanos con sus líderes políticos y con los partidos, según describe Estefanía Molina en su libro que acaba de publicar la Editorial Destino. Justo aquel año nuestra invitada era una joven periodista que daba sus primeros pasos profesionales. Esta entrada del blog y este episodio del podcast están pensados especialmente para aquellos jóvenes periodistas que quieran adentrarse en la comunicación política. También, por supuesto, para todos los ciudadanos sensibilizados con la situación política y social de nuestro país, compartan o no ese malestar o berrinche…  

Si nos lees o nos escuchas, habrás aprovechado tu tiempo para saber, al menos:

Estefanía, a un extranjero que desconozca la realidad política de nuestro país, ¿cómo le contarías qué ocurrió en 2015?

Las consecuencias de esa noche electoral fueron la absorción de un cambio político que ya se venía gestando en España. Hablamos del 15-M de 2011. Fue la cristalización de un sistema que estaba agotado, el bipartidismo, y con la entrada de los nuevos partidos la ciudadanía tenía esperanzas de introducir nuevas demandas al sistema, de no votar un menú cerrado de opciones… Incluso había una brecha generacional en la sociedad española, porque el cambio político vino porque las nuevas generaciones ya estaban cansadas de lo que había sido durante 40 años el sistema político en España. Incluso también unas demandas de transparencia, de regeneración… Es decir, una impugnación de todos los vicios de la clase política hasta entonces y de ahí se derivaron nuevos liderazgos, nuevas formas de entender la política y, también, una necesidad de reivindicación de que la política atendiera mucho más el sentimiento de sufrimiento que había tenido la sociedad española por la crisis económica. 

Sostienes que el Congreso se ha convertido en un plató de televisión, con hitos como el momento en que Gabriel Rufián introdujo una impresora en el hemiciclo. En realidad, ¿qué hay detrás de esa hiperactividad?

Sí, una de las tesis que defiendo en mi libro es que el Congreso se ha convertido en un plató televisivo a ratos, porque han sido los años de la democracia donde ha habido más parálisis, es decir, hemos tenido cuatro repeticiones electorales sin contar autonómicas, municipales y europeas, y la traslación en la vida de la gente no ha sido equivalente. Hemos ido a prórroga de presupuestos, a periodos larguísimos de gobiernos en funciones porque no podían formar gobierno, a una escasa elaboración de leyes que ha sido pírrica… y sin embargo cuando a la gente se le pregunta qué ha visto usted del sistema político, sí piensa que han pasado muchas cosas. En realidad lo único que ha habido es espectáculo, exaltación, relatos… pero en términos materiales no se han producido tantas cosas. Y eso es un poco la paradoja que critico: los procedimientos de la democracia (el marquetin, los sondeos, ganar votos…) han capturado el fondo. Y a fin de cuentas han sido los años de más ingobernabilidad e incluso de menos actividad política y todo ha sido pompa y sobreactuación. Eso entraña riesgos. Si la democracia no cambia la vida de la gente es fácil que nuevamente volvamos a las pulsiones de malestar y nihilismo. A la gente no le llega ese cambio. Ve sobreactuación, pero no hechos materiales. 

Ante esta inactividad, muchos ciudadanos creen que «los diputados solo están para soltar la coletilla y hablarle al Twitter», según escribes en el libro. ¿Qué opinas de la actividad tuitera de nuestros políticos? ¿Algún referente por lo bien o mal que lo hacen?

Es una pregunta complicada (…) Uno puede buscar muchos objetivos en el uso de sus redes, ya sea tener un perfil más institucional y que se entienda mejor las propuestas de X gobierno o X partido, o querer utilizar las redes para agitar a sus seguidores, por lo tanto es un perfil más de activista político. Pero aquí hay una intuición de fondo: todo este sistema bebe de una depauperación del papel del Congreso por varios motivos. El primero, porque en un periodo de ingobernabilidad, los diputados sentían que su única forma de posicionarse en los medios era colocar relato y discurso. El Congreso era un plató en sí mismo. Y claro, la gente percibe que (los políticos) van ahí a soltar un corte para el Twitter. (…) Incluso ha habido formaciones políticas que han renunciado a presentar iniciativas y han dicho que se harían videos por redes sociales. Claro, cuando uno ve esa depauperación del Congreso, se pregunta qué es lo que ha estado ocurriendo todo este tiempo. Y un elemento es cosustancial a lo que es el parlamentarismo: tenemos, cada vez más, unos parlamentos que, a lomos de la globalización o la pertenencia a instituciones supranacionales, parece que han perdido cierto poder. Pero yo también digo que los gobiernos han tenido una capacidad de devaluar el poder del parlamento por la escasa adaptación a la pluralidad que ha habido en nuestro país. Es el periodo de la democracia en el que se ha gobernado más por decreto ley. Ante el lío y el show que se monta en el Congreso, varios de los «presidentes de la ingobernabilidad» han decidido que el decreto ley era una forma que que les solventaba mejor la papeleta. (…) Eso devalúa el papel del Congreso, que es deliberativo. (…)

La creencia que tenemos los de mi generación (nací en el 71) es que trabajar en el Congreso era algo exclusivo de los primeros espadas de los medios, de los periodistas más veteranos. Pero ya no es así por la eclosión de medios nativos digitales y la consecuente entrada de informadores más jóvenes. ¿Cómo es la convivencia? ¿Hay buen rollo?

Sí, absolutamente. Hay una frase de Valle-Inclán que dice que el Congreso es una gran redacción y cada redacción es un pequeño Congreso. (…) Obviamente hay medios que compiten por un buen titular o en sacar mejores informaciones, pero allí en el Congreso todos nos ayudamos, porque estos años todo ha sido un caos absoluto. El pasilleo, que es donde nosotros sacamos el jugo y los off de records, era una jungla. (…) ¿Qué ha ocurrido? Creo que la circunstancia bonita de estos años es que los veteranos han sentido que los jóvenes les aportábamos y viceversa. Porque ellos ya podían haber vivido la transición, el bipartidismo, pero todo lo que estaba pasando en España los dejaba en pie de igualdad con los nuevos que entrábamos. Por ejemplo, me acuerdo de las negociaciones de Pedro Sánchez en el año 2016 y de pronto aparece Podemos y dice «¡nos levantamos de la mesa, porque estaban pactando con Ciudadanos en el otro cuarto!». Toda esa sobreactuación… (…) En ese momento se lo creían, creían toda esa emocionalidad y visceralidad. Claro, los nuevos traíamos la comprensión del cambio político en España. Nos gustara o no lo que estaba pasando, éramos de esos nuevos votantes, de esa nueva generación que se caracterizaba por el uso de las redes sociales, una situación de precariedad… (…) Los unos y los otros estábamos entonces en pie de igualdad, pero nos retroalimentábamos. Para mí era enriquecedor. Nos íbamos forjando la memoria periodística y eso es oro para los nuevos.

Escucha la entrevista completa a Estefanía Molina en el episodio 4 del podcast:

 

 

Propaganda Digital: Comunicación en tiempos de desinformación

Las palabras posverdad y fake news se han introducido hace poco tiempo en nuestro vocabulario. En realidad, nada nuevo bajo el sol. Es la propaganda de toda la vida, que se habría adaptado al entorno digital y, con su ayuda o a través de ella, se intenta controlar, influir y censurar a la opinión pública. Así lo sostiene Leticia Rodríguez Fernández, profesora de la Universidad de Cádiz y nuestra invitada en el episodio 2 del podcast Comunicación para Todos.

Un ejemplo de deepfake: el falso perfil de Tik Tok de Tom Cruise

La palabra deepfake también es relativamente nueva. Un caso reciente, el falso perfil en Tik Tok de Tom Cruise. Muchas personas, entre quienes me encuentro, creyeron que el actor estaba en esta red social, pero no: todo es fruto de la Inteligencia Artificial. Se sustituye la cara de una persona por la de otra y el resultado es divertido, sí… pero inquietante también.

En su libro “Propaganda Digital, comunicación en tiempos de desinformación”, de la editorial UOC, Leticia habla de la relación entre la posverdad con la comunicación y la política. Los políticos populistas se asientan en esa posverdad porque nosotros –asegura— somos “ciudadanos votantes consumidores que nos acercamos a la política desde la queja”. Los medios, por su delicada situación, también se rinden a la posverdad en ocasiones y así surge el clickbait, titulares facilones, escasamente veraces, que tienen el único objetivo de lograr clicks o visitas.

Detrás de un meme aparentemente humorístico puede esconderse toda una estrategia para ridiculizar a un rival político. Es la jajaganda, de la que nuestra invitada cree que demuestra «que las campañas de desinformación están cada vez mejor organizadas». Estos contenidos humorísticos se comparten a veces «ni siquiera por una cuestión ideológica, sino porque nos hacen gracia».

Los bulos afectan a las personas y también a las empresas. Leticia avanza que estas “tendrán que prepararse” para hacer frente a las “mentiras” que les afectan. El caso de las cápsulas Nespresso, que repasamos en el podcast Comunicación para Todos, es un buen ejemplo.

  • En este episodio, también, escucharás una selección de los bulos relacionados con la pandemia que nos ha ofrecido Patricia Escalona, social media manager de Atresmedia. Además, Juan Pedro Cañabete, profesor de la Universidad Carlos III, se pregunta si debe aplicarse algún tipo de regulación en Internet para luchar contra la desinformación. Finalmente, la alumna de la Universidad Nebrija Aina Arbona se cuestiona qué tienen que hacer los más jóvenes para detectar la información falsa.

Tienes las respuestas a todas estas preguntas en este enlace:

 

El libro, disponible aquí: https://www.editorialuoc.com/propaganda-digital