Angela Merkel te daría este consejo de comunicación: cuidado con los símiles y las comparaciones

De las memorias de la excanciller alemana Angela Merkel («Libertad«, RBA) podemos extraer muchas enseñanzas relacionadas con la comunicación. Pero hay una que nos ha llamado la atención: la cautela a la hora de recurrir a símiles y comparaciones. Sigue leyendo esta entrada para saber por qué Merkel:

NO ES LO MISMO QUE SE PIERDA UN POCO DE LEVADURA DE UN PASTEL QUE UNA FUGA RADIACTIVA

Cuando hablamos en público con las lícitas intenciones de huir de la monotonía y ser claros, podemos caer en la tentación de recurrir a símiles o comparaciones.  Nuestro mensaje va a llegar de una forma atractiva a los asistentes, pensamos. Pero las consecuencias pueden ser catastróficas si uno no elige la comparación oportuna. 

En 1996, una joven Angela Merkel era ministra de Medio Ambiente en el gobierno de Helmut Kohl. Por aquellos años ella era una firme defensora del «uso pacífico de la energía nuclear en un país como Alemania», según recuerda en sus memorias: «Como física consideraba que era justificable el riesgo asociado». Después, con Fukushima, cambió de opinión, pero esa es ya otra historia. 

Un día, el dirigente de la CDU (el partido de Merkel) en la localidad de Lüchow la invitó al congreso local de la formación. Era pues un entorno amigo, con personas que tenían «ideas afines a las mías», escribe la excanciller. 

En un momento de la convención le preguntan «qué pasaría si se produjera una pequeña fuga de radiación radiactiva de los contenedores Castor», cuyo traslado a la localidad de Gorleben generaba por aquel entonces un «ambiente tenso» y auténticas batallas campales entre los antidisturbios y los activistas manifestantes opuestos a la energía nuclear.

UN ERROR GARRAFAL

Merkel contestó sin pensárselo dos veces que «afortunadamente era como cocinar un pastel. Si al preparar la masa se pierde un poco de levadura, eso no quiere decir que el pastel no vaya a salir bien». Una imagen, según ella misma escribe, «totalmente fuera de lugar». Es un error garrafal en comunicación recurrir a comparaciones inadecuadas, que resten seriedad a asuntos que sí son serios y que por tal motivo deben ser abordados con cautela. 

En «Libertad» Angela Merkel concluye: «No sé qué me llevó a decir esas palabras en una situación como aquella. Cuando en política uno quiero explicar algo debe ser muy cuidadoso, tanto con los símiles como con las comparaciones».

OTRO CONSEJO: REPETIR LA PREGUNTA PARA PENSAR LA RESPUESTA

Otro truco de comunicación de Angela Merkel. En la página 229 de su libro recuerda cómo fue «un encuentro un tanto extraño» que ella tuvo con Helmut Kohl en noviembre de 1990 en su despacho de Bonn, la por entonces capital alemana. El excanciller, que debía de estar barajando la posibilidad de encargar a Merkel la asunción del Ministerio de la Mujer, le dijo a Merkel: «¿Cómo te llevas con las mujeres?». Ella rememora: «Así que allí estaba yo, sentada en la Cancillería preparada para cualquier tipo de pregunta política y sin saber qué responder». ¿Qué hizo Angela? Nos saca de dudas: 

«-¿Cómo me llevo con las mujeres? -repetí para pensarme la respuesta-. Tengo una hermana, y también tengo amigas. Aparte de la secretaria, en mi departamento de la Academia de Ciencias era la única mujer. Así que me llevo tan bien con las mujeres como con los hombres -concluí».

Si no tenemos claro qué responder a una pregunta complicada o extraña, como la que Kohl le hizo a Merkel, repetir esa pregunta nos ayuda a ganar tiempo, a ordenar las ideas y a contestar finalmente de una manera que no nos lleve a decir algo de lo que nos arrepintamos.

«DEMASIADO CONCENTRADA EN MI PAPEL»

El 30 de mayo de 2005 Angela Merkel ofrece una rueda de prensa multitudinaria después de haber sido designada candidata a canciller de la CDU/CSU. En un día tan importante, Merkel comete un error del que también habla en el libro: estar demasiado pendiente del papel. El mensaje central de su comparecencia, que la excanciller se había preparado concienzudamente, decía, entre otras cosas:

 «Queremos que a Alemania le vaya mejor. Y aquí no se trata de partidos, no se trata de carreras políticas, no se trata de él o de mí o de él o de ella […], se trata de algo más; queremos servir a Alemania».

Aunque las palabras «expresaban lo que era importante» para Merkel, ella pronunció estas palabras sin levantar la vista del papel en el que estaban escritas. «Estaba demasiado concentrada en mi papel», reconoce en sus memorias. Las palabras «no tenían el peso suficiente» y ella, concluye «no estaba relajada». 

Tomemos nota de la moraleja: está bien prepararse nuestras intervenciones en público y llevar las anotaciones en un papel, pero si nos limitamos a leer «sin alma», sin levantar la vista, sin hacer sentir a quien nos ve que estamos hablando en primera persona, sintiendo nuestras palabras, cometeremos el mismo error que Angela Merkel el día en que anunció que iba a entrar en la lucha por ser la primera mujer al frente de la cancillería de Alemania. Lo logró, como es sabido. 

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