Carne de crisis: el riesgo de meter la imprevisibilidad de El Xokas en tu menú

Una marca puede tardar semanas en cerrar un contrato de patrocinio y solo unas horas en romperlo cuando el golpe reputacional ya está encajado. Burger King España ha cancelado su colaboración con Joaquín Domínguez, El Xokas, dentro de la campaña «Grand King», retirando de su web y su app el menú personalizado que llevaba su nombre. Voy a diseccionarlo con calma, porque como caso de comunicación de crisis tiene más capas de las que parece a primera vista.

Comunicado de Burger King

Cómo hemos llegado hasta aquí

El Xokas era uno de los cuatro creadores de contenido —junto a Marta Díaz, Marina Rivers y Peldanyos— invitados a diseñar su propio menú para competir por ser el más vendido del verano. Una acción de marketing de influencers bastante convencional, del tipo que cualquier gran marca de restauración ejecuta hoy para conectar con audiencias jóvenes. Nada que no hayamos visto antes.

El problema es que el streamer gallego llegaba ya con un historial de polémicas, y la tensión ha ido escalando en cuestión de días: unas declaraciones sobre la actriz Ester Expósito, un gesto con la bandera de Argentina que molestó a buena parte de su audiencia latinoamericana y, como detonante final, una respuesta despectiva a un espectador en uno de sus directos en la que presumía de haber «ganado más en una promo de Burger King» que los padres de ese usuario «en veinte años trabajando». A eso se sumó la difusión de un fotomontaje polémico tras la victoria de la selección española. La suma de episodios generó una ola de indignación y llamadas al boicot que la marca ya no pudo ignorar.

 

Lo que interesa aquí

1. La velocidad como activo reputacional. Lo llamativo no es que Burger King rompiera el contrato —eso era previsible en cuanto la colaboración se convirtió en pasivo—, sino la rapidez con la que lo hizo público. Habitualmente este tipo de rupturas se resuelven en silencio, amparadas por cláusulas de confidencialidad que evitan que la marca tenga que posicionarse abiertamente. Aquí, en cambio, Burger King emitió un comunicado explícito en Instagram. Y ahí está la clave: el equipo de comunicación entendió que el silencio, en este caso, salía más caro que la exposición.

2. El lenguaje del comunicado, previsible pero eficaz. La frase «sus declaraciones no representan en ningún caso los valores que defendemos como marca» es el clásico enunciado de desvinculación: un values-washing exprés, diseñado para cortar cualquier asociación entre la marca y el mensaje ofensivo sin entrar a valorar el fondo del asunto. No es original, pero cumple su función: es corto, categórico y no deja resquicio para la reinterpretación.

3. La retirada silenciosa antes del anuncio oficial. Y aquí va un detalle que siempre llama la atención: el menú desapareció de la web y la app antes de que se hiciera oficial la ruptura. Es una práctica habitual —actuar primero, comunicar después— que reduce el margen de reacción negativa, aunque también expone a la marca a que se filtre la decisión antes de que pueda controlar el relato, como de hecho ha ocurrido aquí.

4. La gestión selectiva del resto de la campaña. Burger King ha tenido buen cuidado de dejar claro que la campaña «Grand King» continúa con los otros tres creadores. Una decisión inteligente: aísla el problema en el individuo, no en la estrategia de marketing de influencers en su conjunto, y evita que el boicot se contagie a colaboraciones que no han generado controversia.

Lectura de fondo

El marketing de influencers ofrece autenticidad y cercanía, pero traslada a la marca un riesgo reputacional que no controla. Cuando contratas a una persona —no a un personaje de ficción— contratas también su imprevisibilidad. Y esa imprevisibilidad puede pasar factura.

Lo que distingue una buena gestión de crisis de una mala es la capacidad de leer el momento exacto en que el coste de mantener la asociación supera al coste de romperla en público. Burger King, en este caso, ha hecho una lectura del timing bastante afinada. Otra cosa es si la elección de partida fue la correcta.

Relativicemos

Dicho esto, conviene no perder la perspectiva sobre la magnitud real de este episodio. La historia de la comunicación de crisis está llena de marcas que atravesaron golpes reputacionales mucho más serios y no solo sobrevivieron, sino que salieron reforzadas. Johnson & Johnson convirtió el envenenamiento de Tylenol en 1982 —con varias muertes de por medio— en el caso de escuela de una respuesta ejemplar, y hoy sigue citándose como el ejemplo perfecto de cómo una empresa debe reaccionar ante una crisis.

Más cerca en el tiempo, KFC Reino Unido gestionó con tanto acierto el cierre temporal de sus restaurantes por falta de pollo en 2018 —con una campaña de disculpa que jugaba con sus propias siglas— que la anécdota terminó reforzando el cariño hacia la marca en lugar de dañarlo. Comparado con eso, lo de Burger King y El Xokas es un incidente de gestión de talento, resuelto en cuestión de días y sin apenas coste estructural para la marca. La lección no deja de ser válida, pero conviene guardar las proporciones.

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