«El ser humano tiene dos orejas y sólo una lengua para que pueda escuchar el doble de lo que habla». Epicteto de Frigia (55 – 135 d.C.).

Mar Castro y Luis López García defienden la necesidad de saber escuchar en su libro «Técnicas para hablar en púbico». Cuentan que de los cuatro tipos de escucha (inactiva, selectiva, reflexiva y activa) las dos primeras son «estériles e improductivas», bien porque se escuchan las palabras pero no se presta atención al mensaje, bien porque se escucha únicamente aquello que interesa. Sin embargo, sí tienen valor las escuchas activa y reflexiva.
En la escucha activa «se observa la realidad del otro, manteniendo los puntos de vista propios». En la escucha reflexiva el oyente «ofrece unas respuestas al orador que demuestran que ha entendido y aceptado» lo que ha escuchado; es decir, el objetivo es «confirmar que lo que el orador dice y el espectador interpreta» son la misma cosa.
Todos deberíamos verbalizar la escucha, demostrar al hablante que le estamos prestando atención. ¿Cómo lo hacemos? Mar y Luis mencionan la técnica de escuchar realmente de Dale Carnegie: recurriremos a «comentarios breves, sencillas palabras, sonidos de comprensión o parafrasear alguna frase» para animar al orador a continuar con su presentación. Recuerdan además que en la misma línea, otro autor, Jim Dugger, recomienda: «presta atención a sus narraciones, aliéntale a hablar de sus experiencias, vivencias y sentimientos, demuéstrale que quieres escucharle, suprime todas las distracciones que puedas, sé paciente y empático, practica el sentido del humor, evita realizar críticas y argumenta de forma prudente».
[Gracias, querida Mar, por tu libro dedicado, por tu amistad y por tu capacidad para escuchar].