Cómo salir airoso de la primera entrevista que te hacen en la radio. Por Kiko Novoa.

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Kiko Novoa es el presentador del programa Galicia por diante, el magazine matinal que emite a diario la radio pública de Galicia. Esta entrada es un resumen de su intervención en una clase de la asignatura de Comunicación de la escuela de finanzas EF Business School. Puedes leer primero una versión en castellano y después, la versión íntegra y original, en gallego: 

Desde pequeño aprendí que las oportunidades, si son gratas, no debemos dejarlas escapar. Así que cuando Luis Fraga (¿cómo era aquello que decía Kapuscinski que para ser un bueno periodista hay que ser buena persona?) me dice ven yo lo dejo todo, que malo, malo no puede ser… Fue el decimocuarto día de 2017 cuando este humilde pecador tuvo la fortuna de compartir mesa y mantel docentes con Luis y su alumnado de Comunicación del MBA de la Escuela de Finanzas, que preside el admirado Venancio Salcines (propongo desde aquí a los expertos en paraciencias y misterios sin resolver que respondan a la pregunta “¿de donde saca el tiempo este hombre?”), y aún embriagado por los efluvios gripales, y sacudiendo antibióticos y frenadoles, procuré durante algo más de una hora explicarle a la concurrencia en qué consistía elaborar una entrevista radiofónica y qué debe motivar al entrevistado para poder aprovechar al máximo unos minutos de ventana al mundo comunicativo. Les conté que, desde el punto de vista del entrevistado, este tiempo de radio debería constar de tres partes:

La preparación: Es necesario saber qué mensaje queremos trasladar. No se trata de memorizar la entrevista, pero sí de tener claro qué queremos hacer y qué argumentos podemos defender. El tiempo de la entrevista pasará mucho más rápido del que pensamos y queremos (suponiendo, claro, que el ambiente sea cómodo y cordial) y más que pensar en satisfacer a las personas que conocemos, la entrevista debe servir para transmitir nuestra experiencia a todas aquellas personas que no forman parte de nuestro contorno pero están ahí escuchando. Un ejemplo: si vamos a hablar de un proyecto narrativo, intentaremos explicar en qué consiste y para que queremos hacerlo (más que esforzarnos en saludar y reconocer el trabajo de una o de otra persona). La entrevista podemos prepararla, pero no guionizarla. Debemos mantener un equilibrio entre la improvisación y la elaboración.

La entrevista en sí misma. Para lo entrevistado seguramente la entrevista sea uno de los grandes momentos del día (“¡que bien, voy a salir por la radio!”), pero para el entrevistador, por unas razones u otras, será una entrevista más. Así, gracias a las sus dotes sobrenaturales, el entrevistado deberá convertir una entrevista más en la gran entrevista de la mañana: buenas ideas, una exposición amena, pasión por el proyecto, naturalidad y cercanía… Lo sé, esto no es tan fácil, pero debemos aspirar a tal meta. Por mucho que el periodismo de trincheras pretenda ocuparlo todo, la entrevista no es una guerra (por muy duro y preciso que sea un entrevistador), ni tampoco un debate (el protagonista NUNCA debe ser el periodista) y mucho menos un alegato de la Fiscalía. La entrevista debe procurar que la audiencia se haga una idea de la persona o el proyecto (en este caso empresarial) que expone el invitado. Recordad: nuestra idea es la mejor, pero debemos ser humildes para no agriar a la parroquia.

El después. ¿Qué pasa cuando acaba la entrevista? Generalmente saldremos insatisfechos: “mira tú que el entrevistado no me preguntó por esto”, “vaya, olvidé felicitar a mi jefe, ya verás cómo no me paga este mes”, “no pude explicar el teorema de Pitágoras con pelos y señales, con lo bien que iba a quedar como preboste intelectual ante los viejos compañeros de facultad”… No pasa nada. Posiblemente la entrevista haya salido mejor de lo que creemos. Pero, con todo, nos pongámonos en el lado de la audiencia. Escuchémonos. En casa, tranquilamente, juzguemos cómo fue la conversación. ¿En que fallamos? ¿Estuvimos muy nerviosos? ¿Dejamos claro lo que queríamos? Nos servirá para la siguiente entrevista (el mundo no acaba ese día, gente, después de mayo siempre viene San Juan).

En ese sábado también pudimos conversar sobre algunas dudas u opiniones del alumnado. Hablamos de los medios públicos y de la labor de los profesionales. Tenemos un trabajo nada fácil (¿cuál lo es?) porque básicamente nuestro objetivo consiste en contar lo que pasa en el mundo mundial sin caer en la vanidosa tentación de resbalar nuestra opinión y pontificar. Vivimos tiempos en los que los periodistas, con esa mirada de ombligo tan nuestra, nos sentimos con la propiedad de la verdad absoluta, y sabemos de todo y opinamos de todo: si terremoto, pues terremoto; si fuera de juego, pues fuera de juego; que Brexit, pues venga un Brexit; si sube el precio de la luz, rápidamente damos una clase sobre las nucleares francesas… La obsesión de un periodista no debe ser la objetividad, sino la honestidad. Y mucho más en los medios públicos de Galicia (Radio Gallega y TVG). A nosotros, los profesionales, no nos tienen ahí para dar nuestra opinión (¿tan importante es la opinión de un periodista?), nos tienen para contar lo que pasa. La verdad tiene sólo un camino y debemos ser lo suficientemente honestos para no retorcerla, pero debemos quedar en un según plano para no convertirnos en el centro de la noticia. ¿Importa nuestra opinión cuando estamos informando? No: importa la de los representantes públicos, la del Gobierno, la de los partidos de la oposición, la de los agentes sociales, la de los profesionales de las materias,… Nuestro deber es escucharlos a todos para que luego sea la audiencia, claro, la que construya su propia opinión.

En definitiva, no sé si esa mañana de sábado acabaría siendo muy productiva para el alumnado de Luis, pero para mí, como periodista, sí lo lo fue, y mucho. La comunicación y la palabra son patrimonio de la sociedad, la base misma de la convivencia democrática. Estudiarla, conocerla, transmitirla y valorarla forman parte de nuestra responsabilidad.

Gracias a todas y todos por aguantarme, un auténtico placer.

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Kiko Novoa, en plena acción con los alumnos de EF Business School.

Este é o discurso en galego de Kiko Novoa: 

Desde pequeno aprendín que as oportunidades, se son gratas, non debemos deixalas escapar. Así que cando Luis Fraga (como era aquilo que dicía Kapuscinski que para ser un bo xornalista hai que ser boa persoa?) me di ben eu déixoo todo, que malo, malo non pode ser… Foi o décimo cuarto día de 2017 cando este humilde pecador tivo a fortuna de compartir mesa e mantel docentes con Luis e o seu alumnado de Comunicación do MBA da Escuela de Finanzas, que preside o admirado Venancio Salcines (propoño dende aquí aos expertos en paraciencias e misterios sen resolver que respondan á pregunta “de onde saca o tempo este home?”), e aínda embriagado polos efluvios gripais, e sacudindo antibióticos e frenadois, procurei durante algo más dunha hora explicarlle á concorrencia en que consistía elaborar una entrevista radiofónica e que debe motivar ao entrevistado para poder aproveitar ao máximo uns minutos de xanela ao mundo comunicativo. Conteilles que, dende o punto de vista do entrevistado, este tempo de radio debería constar de tres partes:

•       A preparación: É necesario saber que mensaxe queremos trasladar. Non se trata de memorizar a entrevista, pero si de ter claro que queremos facer e que argumentos podemos defender. O tempo da entrevista pasará moito máis rápido do que pensamos e queremos (supoñendo, claro, que o ambiente sexa cómodo e cordial) e máis que pensar en satisfacer ás persoas que coñecemos, a entrevista debe servir para transmitir a nosa experiencia a todas aquelas que non forman parte do noso contorno pero están aí escoitando. Un exemplo: se imos falar dun proxecto narrativo, tentaremos explicar en que consiste e para que queremos facelo (máis que esforzarnos en saudar e recoñecer o traballo dunha ou doutra persoa). A entrevista podemos preparala, pero non guionizala. Debemos manter un equilibrio entre a improvisación e a elaboración.

•       A entrevista en si mesma. Para o entrevistado seguramente a entrevista sexa un dos grandes momentos do día (“que ben, vou saír pola radio!”), pero para o entrevistador, por unhas razóns ou outras, será unha entrevista máis. Así, grazas ás súas dotes sobrenaturais, o entrevistado deberá convertir unha entrevista máis na gran entrevista da mañá: boas ideas, unha exposición amena, paixón polo proxecto, naturalidade e cercanía… Seino, isto non é tan doado, pero debemos aspirar a tal meta. Por moito que o xornalismo de trincheiras pretenda ocupalo todo, a entrevista non é unha guerra (por moi duro e preciso que sexa un entrevistador), nin tampouco un debate (o protagonista NUNCA debe ser o xornalista) e moito menos un alegato da Fiscalía. A entrevista debe procurar que a audiencia se faga unha idea da persoa ou o proxecto (neste caso empresarial) que expón o convidado. Lembrade: a nosa idea é a mellor, pero debemos ser humildes para non agrear á parroquia.

•       O despois. Que pasa cando acaba a entrevista? Xeralmente sairemos insatisfeitos: “mira ti que o entrevistado non me preguntou por isto”, “vaia, esquecín felicitar ao meu xefe, xa verás como non me paga este mes”, “non puiden explicar o teorema de Pitágoras con pelos e sinais, co ben que ía quedar como preboste intelectual ante os vellos compañeiros de facultade”… Non pasa nada. Posiblemente a entrevista saira mellor do que cremos. Pero, así e todo, poñámonos no lado da audiencia. Escoitémonos. En casa, tranquilamente, xulguemos como foi a conversa. En que fallamos? Estivemos moi nerviosos? Deixamos claro o que queriamos? Serviranos para a seguinte entrevista (o mundo non acaba ese día, xente, despois de maio sempre vén San Xoán).

Nese sábado tamén puidemos conversar sobre algunhas dúbidas ou opinións do alumnado. Falamos dos medios públicos e do labor dos profesionais. Temos un traballo nada fácil (cal o é?) porque basicamente o noso obxectivo consiste en contar o que pasa no mundo mundial sen caer na vanidosa tentación de escorregar a nosa opinión e pontificar. Vivimos tempos nos que os xornalistas, con esa mirada de embigo tan nosa, sentímonos coa propiedade da verdade absoluta, e sabemos de todo e opinamos de todo: se terremoto, pois terremoto; se fóra de xogo, pois fóra de xogo; que Brexit, pois veña un Brexit; se sobe o prezo da luz, rapidamente damos unha clase sobre as nucleares francesas… A obsesión dun xornalista non debe ser a obxectividade, senón a honestidade. E moito máis nos medios públicos de Galicia (Radio Galega e TVG). A nós, os profesionais, non nos teñen aí para dar a nosa opinión (tan importante é a opinión dun xornalista?), téñennos para contar o que pasa. A verdade ten só un camiño e debemos ser o suficientemente honestos para non retorcela, pero debemos quedar nun segundo plano para non nos converter no centro da noticia. Importa a nosa opinión cando estamos informando? Non: importa a dos representantes públicos, a do Goberno, a dos partidos da oposición, a dos axentes sociais, a dos presfionais das materias,… A nosa obriga é escoitalos a todos para que logo sexa a audiencia, claro, a que constrúa a súa propia opinión.

En definitiva, non sei se esa mañá de sábado acabaría sendo moi produtiva para o alumnado de Luis, pero para min, como xornalista, si o o foi, e moito. A comunicación e a palabra son patrimonio da sociedade, a base mesma da convivencia democrática. Estudala, coñecela, transmitila e valorala forman parte da nosa responsabilidade.

Grazas a todas e todos por aturarme, un auténtico pracer, e ata unha próxima mellorada!

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