José Ángel Abad: «Los periodistas le debemos fidelidad a la noticia»

En Uno de los nuestros, una de las películas favoritas de José Ángel Abad, Ray Liotta dice: «Por muy atrás que recuerde, siempre quise ser un gánster».  Abad, invitado en el episodio 6 del podcast Comunicación para Todos, recuerda querer haber sido periodista desde niño. Y así se lo dijo a sus abuelos, a los 8 años. «Nunca he querido ser otra cosa. A veces bromeo y digo que quería ser futbolista, pero es broma», reconoce al principio de la conversación.

No tengo pruebas, tampoco dudas, de que si hoy preguntamos a jóvenes estudiantes de periodismo que qué quieren ser de mayores, la respuesta de la inmensa mayoría de ellos sería que corresponsal en el extranjero. Pero, ¿merece la pena estar en todo momento a disposición de tu medio? ¿No se echa de menos tu familia, tus amigos?

Estas y otras preguntas tienen sus respuestas en esta entrada. Aquí simplemente resumo algunos de los grandes titulares que nos deja José Ángel, pero te recomiendo que escuches el episodio completo para llevarte muchas más cosas aprendidas. 

En este blog sabrás, al menos:

NO ES SALUDABLE ASPIRAR A SER SOLO «CORRESPONSAL»

«No es saludable pensar en llegar a ser corresponsal en el extranjero. Lo que es saludable es querer ser periodista. Algunas de mis noticias más bonitas no fueron en Nueva York ni en un país lejano; fueron en mi querida Asturias, en nuestra querida Galicia y por supuesto historias muy locales en otras zonas de España. Nuestro compromiso es con la noticia, no con la corresponsalía. (…) Además, una de las características de un buen corresponsal es ser muy versátil, lo cual quiere decir que debes tener la misma familiaridad para hablar con inmigrantes ilegales, con campesinos que han perdido todo en cualquier tipo de tragedia o para presentarte en cualquier aldea asturiana -que me ha ocurrido alguna vez estando de vacaciones- y sentir que ese proceso de contar es exactamente el mismo allá donde estés».

SI ERES CORRESPONSAL, OLVÍDATE DE LOS HORARIOS

«Hay que olvidarse de los horarios. Es verdad que esto es un sacerdocio y estás trabajando todo el tiempo, pero es que esto no es trabajar, es tu vida… La noticia se convierte en tu familia, no hay desconexión, estás enganchado a ella».

«FORMARME EN EL SISTEMA ENG FUE ALGO MARAVILLOSO»

«Para mí ha sido muy importante. Cada periodista tiene un perfil diferente. Yo he crecido con un perfil muy audiovisual. Siempre he pensado en la noticia en términos de contenido y continente. Esa formación fue muy importante para mí. Yo cuando me fui a Galicia [Abad trabajó en la corresponsalía de Antena 3 en Santiago de Compostela], fui con el cometido de ser periodista, pero también cámara el 50% de mi tiempo. Eso que para mucha gente podría ser una carga, para mí fue una bendición. Aprender a grabar, a montar y a hacerlo todo con rapidez fue algo maravilloso».

SOBRE EL ESTILO, «CADA UNO CUENTA LAS COSAS COMO BUENAMENTE PUEDE».

«Uno no piensa en su estilo, cada uno cuenta las cosas como buenamente puede. Con el tiempo, es cierto que uno va conociéndose y va creyendo saber hasta dónde puede llegar (…) Laura Otón [profesora de la Universidad Nebrija] comenta el tema de los Oscar… Cada año intentas hacer algo un poco diferente, añadir cosas nuevas para no ser repetitivo y renovarte sin perder la fidelidad última, que es la noticia. Lo de la chaqueta [una chaqueta extravagante diferente que José Ángel lleva en cada una de las galas] se ha convertido en algo simpático y agradable. Creo que tengo un crédito de confianza por parte del público, que sabe que al día siguiente puedo ponerme la chaqueta normal y contar las noticias con seriedad y que este es un día especial. Hay que adaptarse a la noticia, quizá a veces de más… Con el tiempo te puedes permitir estas cosas». 

Créeme, invertir una hora en la escucha de este episodio te resultará muy útil, sobre todo si tienes alguna relación y/o interés con el mundo del periodismo y la comunicación:

José Luís Martín Ovejero: «Mentir es agotador, el cerebro en multitarea se cansa»

Cuando mentimos nos comunicamos de una forma diferente. Es como si la mentira tuviera su propio lenguaje e hiciera que nuestro cuerpo se comportara de una determinada manera. Saber identificar esos indicadores de que nos están engañando nos resulta útil para todas las facetas de nuestra vida, según nuestro invitado. José Luis Martin Ovejero es abogado, máster en Análisis del Comportamiento No Verbal, formador de charlas TED y, sobre todo, una persona vital y llena de energía.

En esta entrada y, de una forma más completa, en el episodio 5 del podcast, aprenderás a:

José Luis, en tu libro «Miénteme… si te atreves», de editorial AGUILAR, citas a un psicólogo que afirma que mentir «es una tarea emocionalmente agotadora y cognitivamente exigente». Supongo que estás de acuerdo…

Mentir es agotador. Cuando estamos contando una historia de algo que nos ha sucedido, por ejemplo, la semana pasada, simplemente nuestro cerebro acude al recuerdo y lo cuenta mejor o peor, con más o menos detalles, en un orden o un poco desordenado, da igual: lo cuenta según lo recuerda. Pero si pasamos al mundo de la mentira y tenemos que empezar a construir sobre algo que no existe, más aún cuando sí tenemos una historia verdadera en paralelo, el problema es que el cerebro tiene que estar, por una parte, reteniendo la información verdadera para que no asome y no sea descubierta, y a la vez, en multitarea, construyendo una historia falsa. El cerebro en multitarea se agota, trabaja muy mal y es lo que deja justamente señales.

Hablemos de esas señales. de cinco tipos de indicadores:  debilidades de las narraciones, lenguaje de distanciamiento, falsa perfección, necesidad de distanciamiento y, además, el uso de los tiempos verbales. Esto último, que el uso de los tiempos verbales sea un indicador de una mentira, me llama muchísimo la atención… 

Imaginemos que  estemos preguntando a una persona que nos cuente algo que le sucedió la semana pasada. Y se trae la historia muy bien preparada, nos está contando qué le pasó… ¿Cuál es el tiempo verbal que va a utilizar? El pasado, como es lógico. Pero de pronto nosotros empezamos a sospechar, porque hemos visto algunos indicadores de que podría estar mintiendo. ¿Qué debemos hacer? Dejar que acaba su historia y comenzar a preguntar nosotros. Y cuando empecemos a preguntar, le sacamos de su zona de confort y tiene que empezar a construir en ese momento un «plus» sobre la historia que traía preparada, ¿qué le ocurre al cerebro? Que tiene que empezar a construir una historia en ese instante. Y no deberíamos olvidar que los verbos siguen a la acción: si el mentiroso está construyendo esa historia falsa en vivo y en directo, el cerebro le traiciona y comienza a utilizar en algunas ocasiones verbos en presente. (…) Se nos debería encender una bombillita de «peligro, peligro, peligro».

El comportamiento también da señales que delatan al mentiroso. ¿Qué pasa, por ejemplo, con nuestro rostro, para ti el indicador más importante?

Tengamos en cuenta que de serie, por pura evolución humana, cuando sentimos una emoción con fuerza (alegría, tristeza, ira, sorpresa, asco, miedo y desprecio) vamos a activar de manera automática y no consciente unos músculos en nuestro rostro. ¿Entonces, qué pasa si llega alguien y le pregunta al otro: Oye, sabes que he visto a tu ex con tu mejor amigo? En ese momento, le pega un chasquido en el cerebro y quizá se entristece, quizá se enfada… Y el rostro se va a activar. Va a haber unos músculos que van a decir me enfado o me entristezco…  Pero llega llega el lenguaje verbal, que sale del cerebro más razonador. Y el lenguaje verbal le dice al amigo: «Fenomenal, porque aquí cada uno hacemos nuestra vida». Sí, sí… pero lo primero que has dicho ha sido con tu rostro. (…) Cuando existe una disonancia completa entre el mensaje verbal y el no verbal, vamos a fiarnos del no verbal, porque no lo controla nuestro cerebro controlador, sino que es el emocional que grita cuando siente mucho.

Escucha la entrevista completa a José Luis Martín Ovejero en el episodio 5 del podcast: