Comunicar desde las instituciones es fácil: primero, haz algo; después, lo cuentas del modo y en el momento oportunos

Llevo un par de semanas intentado escribir una entrada sobre los últimos errores en comunicación institucional que a mi juicio se están cometiendo estos días. Pero en cuanto elijo una pifia, salta otro caso y ya no sé por dónde tirar.

Para este post cuento con la ayuda de dos periodistas y amigas: Irene Cacabelos, profesional con mucho rodaje delante y detrás de las cámaras, y Ana Zulima Iglesias, profesora de la Universidad Pontificia de Salamanca

El caso de los geles hidroalcohólicos del metro o cómo convertirte en un meme:

El vicepresidente y el consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado y Ángel Garrido, convocaron a los periodistas para anunciar que 50 dispensadores de gel hidroalcohólico quedarían instalados en otras tantas estaciones del Metro de Madrid. 

El deseo (legítimo) de figurar por parte de ambos políticos, la intención de comunicar desde mi vicepresidencia y desde mi consejería, yo, Ignacio Aguado, y yo, Ángel Garrido, somos competentes, estamos tomando medidas contra la pandemia y al pie del cañón, y por eso no sólo encargamos los dispensadores, sino que, además, dejamos el coche oficial, venimos al metro y damos ejemplo desinfectándonos las manos con el gel, ese propósito, digo, ha convertido a ambos en carne de meme. 

Algunos de estos montajes tienen mucha gracia, por cierto, como estos que «Gazpacho», «Eleven», «Pep», «Capitán Cavernícola» y «Proscojoncio» han publicado en Twitter:

¿QUÉ SE HA HECHO MAL?

Colocar 50 dispensadores de gel es una decisión discreta (no requiere ni mucha imaginación ni mucho presupuesto); tardía (a esas alturas ya deberían haberse instalado no 50, sino muchos más), y anecdótica: lo que hubiera justificado realmente convocar a los periodistas sería la ampliación de los horarios del metro en las líneas más concurridas. 

La comunicación del hecho podría haberse solucionado con una simple nota de prensa. Mejor aún, con la colocación directa de los dispensadores que, con el logotipo de la CAM impresos, habrían quedado perfectamente identificados. Podría haber sido pertinente la misma rueda de prensa en el metro a los pocos días o semanas de que el coronavirus hubiera hecho acto de presencia entre nosotros, no seis meses después.

«Querido político: si tu dircom te dice que dar carácter de noticia a esa decisión no es buena idea, hazle caso, déjalo, ya tendrás otra ocasión para salir en los medios».

Comunicar desde las instituciones no es tan difícil: primero haces algo por el bien común y poco después, si crees que es de interés, lo cuentas. Debes lanzar el mensaje en el momento oportuno, ni mucho antes ni mucho después, y adecuar la envoltura o protocolo del acto a la importancia o trascendencia de lo que comunicas. Querido político, esto es importante: si tu dircom te dice que dar carácter de noticia a esa decisión no es una buena idea, hazle caso, déjalo, ya tendrás otra ocasión para salir en los medios, porque muy probablemente tu asesor estará mucho mejor formado en comunicación que tú.

LO DE LAS BANDERAS

Puede también darse el caso de que haya que comunicar una gestión muy cuestionable. Que haya que vender humo. La Comunicación Institucional no está para eso. O no debería estarlo al menos. No puede ocultar la verdad de las cosas. Puede darle cierto brillo, aportar algún valor, ayudar a la institución a llegar a los públicos a los que quiere llegar y no a otros, pero no puede transformar una realidad. 

Por ejemplo, si en plena segunda ola de una pandemia dos administraciones, una autonómica, otra nacional, en vez de comunicarse constante y fluidamente por cualquier medio rápido (teléfono, videoconferencia, whatsapp, ¡incluso por el viejo fax!), si en vez de eso, andan a la greña, no se entienden y toman decisiones contradictorias, ¿qué podemos hacer como consultores de comunicación? ¿No se te ocurriría, verdad, organizar un acto solemne, con 24 banderas dispuestas sobre una tarima y una realización televisiva propia de un encuentro bilateral entre King Jong-un y Donald Trump? ¿Verdad que no?

Oh… glups

"Semana horribilis", la colaboración de Irene Cacabelos

La verdad es que no está siendo una semana muy brillante en lo que a comunicación institucional se refiere. Por poner el foco en la Comunidad de Madrid, este miércoles han vuelto a repetir el error de la semana pasada. Convocar a la prensa para anunciar que el viernes anunciarán algo. En tiempos de crisis la comunicación debe ayudar a dar certidumbre y este tipo de decisiones no ayudan. Generan desconfianza y reflejan descoordinación.

La otra «perla» ha sido el acto de inauguración de dispensadores de gel en el metro. Que siete meses después se convoque a la prensa para «cortar la cinta» de unos dispensadores manuales ha provocado indignación y risas a partes iguales y en política si hay algo que no se puede hacer es el ridículo. En plena polémica porque los trenes del suburbano viajan abarrotados no parece buena idea vender el gel como la solución. O convocas para anunciar que duplicas las frecuencias de los trenes o mejor ahorrarse el acto. 

A veces los políticos se aferran demasiado a la máxima de «que se me vea o que hablen de mi aunque sea mal «, pero no es el momento. La semana aún no ha terminado y ya han cambiado al director de comunicación de la CAM. Es el tercero desde la llegada de Ayuso. No le va a faltar trabajo aunque tengo la impresión de que el peso lo lleva el jefe de gabinete de la presidenta. Ya se pudo ver en el «acto  de las banderas» del lunes. Miguel Ángel Rodríguez e Iván Redondo fueron fotografiados controlando la escenografía. Dos buenos estrategas electorales que en cambio quizás no sean los mayores expertos en comunicación de crisis. Demasiadas frivolidades en tan poco tiempo.

Twitter Irene: @Icacabelos

"Una mala estrategia de Comunicación Institucional", la colaboración de Ana Zulima Iglesias

Analizando los últimos actos en los que la Comunidad de Madrid ha convocado a los periodistas, creo que la clave es la confusión entre el concepto de comunicación institucional y comunicación corporativa. 

Con la primera, las instituciones públicas tienen como objetivo establecer relaciones de calidad con los públicos con quienes se relacionan. Estas buscan una notoriedad social e imagen adecuada a sus objetivos y actividades teniendo siempre como condición fundamental la necesaria contribución al bien común. 

En el caso de la Corporativa, las empresas privadas usan la comunicación para establecer una conexión adecuada con su público de interés que favorezca en último término el crecimiento del negocio. 

En las dos se pretende la creación y mantenimiento de una reputación y lograr cierto grado de influencia y notoriedad, pero cuando se trata de entes públicos la consecución de ese bien común debe sobrevolar al resto de propósitos. Justamente el requisito que parecen haber olvidado los organizadores de esos últimos actos, convocatorias y mensajes vacíos. La estrategia de comunicación de la Comunidad de Madrid parece en los últimos días más preocupada por hacer un “lavado de cara” urgente al Gobierno madrileño que por detenerse a analizar qué contribución a ese bien común tiene lo que se está transmitiendo. Una equivocada táctica para un ente público a la que se une además otra consecuencia negativa: se utiliza a los periodistas y su ejercicio para hacer publicidad institucional, lo que puede generar a largo plazo su descrédito como fuente para estos profesionales. 

Espero que, en este caso, no se cumpla el famoso cuento del pastor mentiroso y el lobo: ese en el que el pastor se entretenía constantemente avisando al resto de habitantes del pueblo de la falsa llegada del malvado lobo. Tanto recurrió el pastor a la simulación y el engaño con su comunidad, que el día que realmente apareció el animal nadie fue en su ayuda. La credibilidad se gana y se pierde. Esperemos que los periodistas sigan acudiendo a esas citas para informar, esta vez, de noticias que lo merezcan.

Twitter Zulima: @Zulimaic

¿Y tú? ¿Qué opinas? ¿Cómo crees que debería ser la Comunicación de nuestras instituciones? ¿Me lo cuentas en un correo?

Pero, ¿para qué nos sirve la ortografía?

Un artículo de un periódico de tirada nacional escrito con siete faltas ortográficas y un tuit que alcanzó cierta viralidad porque su autor aseguró que la ortografía era «un marcador social» me han hecho reflexionar.

Artículo y tuit se han publicado solo unos días antes de mi primera clase de la asignatura de Redacción Informativa en el grado de Comunicación Corporativa, Protocolo y Eventos de la Universidad Nebrija. Así que, pensando en mis alumnos, me propuse recabar reflexiones sobre el valor de la ortografía por parte de docentes, académicos y profesionales de la comunicación, a quienes pregunté: «¿Qué hago con mi próxima clase de Redacción? ¿Recomiendo el artículo a mis alumnos?». Aquí están los resultados.

El artículo se publicó el pasado domingo, 13 de septiembre. Aparecían las palabras «aqui», «policia», «oposicion» e «investigacion» sin tilde; y «dándo» y «pidiéndo», con tilde. Se me escapó en su momento «ocultarselas», que debería haber sido escrita con tilde en la antepenúltima sílaba, como todas las esdrújulas.

Anunciación Ramírez, vicedecana de Periodismo en la Universidad CEU Cardenal Herrera, me responde que corregir faltas ortográficas es «una pelea continua». Para los estudiantes de la ESO con los que trata, «las tildes no son faltas» en parte «porque así se trata en los coles e institutos (en muchos, al menos). Las tildes van al margen de lo que consideran faltas» ortográficas.

Víctor Núñez, director general de School Market y de Éxito Educativo, además de profesor universitario, cree que sí debo mostrarlo a los alumnos pero «como antología del disparate» y me pide que se lo envíe para usarlo también en sus clases.

Sara Carreira, periodista, reconoce que «erratas las tenemos todos, sobre todo desde que han desaparecido los correctores y el ordenador no es muy sutil con las diferencias (a ver, haber…)» pero es cierto, añade, «que se ve cada FALTAZA…». Y termina el tuit con otra verdad, que nada tiene que ver con la ortografía: «Nos hacemos mayores, Luis».

Virginia Olmedo, periodista y vocal de Comunicación en la Junta Directiva de ANIS (Asociación Nacional de Informadores de la Salud), me da una buena idea: «Mándaselo [a mis alumnos] para que lo comenten sin decir nada de la ortografía. Luego lo debatís y nunca se les olvidarán las faltas ortográficas».

En Linkedin he recogido también unas cuantas opiniones:

Marta Rodríguez Paños, experta en Comunicación Corporativa y Relaciones Públicas, cree que es una ocasión «excelente para preguntarles por las normas de acentuación. No es ninguna sorpresa que los chavales lleguen a la universidad sin tener ni la menor idea de lo que es una esdrújula», asegura. A su juicio, le haría un «favor a sus futuros lectores si les hicieses repasar y aprender a fuego» estas normas.

Flor de Paz Alcántara, asesora de Comunicación en el Ayuntamiento de Guía de Isora, opina que mis alumnos deberían leer el diccionario, las reglas gramaticales y buenos autores», además de «mirar la hemeroteca y leer prensa antigua», considera.

Eva Martín, periodista, se define como «pesimista» en este sentido y añade que «parece que los correctores de estilo ya no se estilan. Pena, penita, pena».

Eva Mateo Asolas, experta en Comunicación Corporativa, Marketing Digital y Storytelling, aporta muchos consejos para mejorar los conocimientos ortográficos de los universitarios: «Pueden leer los periódicos… y cazar erratas y errores ortográficos y gramaticales… Y leer los manuales de estilo de los propios periódicos y comparar. Suscribirse al boletín electrónico de la Fundéu. Recurrir a los expertos en ‘cazagazapos’ de la radio. Acudir a diccionarios. Tener referentes que escriban correctamente».

Hay otras muchas opiniones interesantes, pero he recogido solo estas muestras que, en conjunto, le dan a la ortografía el valor que  creo que le corresponde: ser un conjunto de normas necesarias para comunicarnos mejor. De opinión diferente es Andrés Benítez, el autor del tuit que le da a la ortografía una función de «marcador social».

¿Y tú qué opinas? ¿Qué valor tiene la ortografía para ti? ¿Me lo cuentas en un correo?

Este es, probablemente, el currículum de periodista más original y eficaz que has visto en mucho tiempo

Irene Gamella ha trabajado en la agencia EFE y en la Comisión Europea; ha estudiado dos grados (Periodismo y Comunicación Audiovisual), un máster en Relaciones Internacionales y Comunicación, y varios cursos, como Reporterismo de Guerra o Diplomacia y Relaciones Internacionales para Periodistas. Es un buen currículum, muy completo sin duda, hay buen fondo. Pero tan buena como el fondo es la forma: una simulación de una conversación telefónica a través de mensajes de texto. El vídeo abre un hilo en el que Irene resume su experiencia profesional de una manera muy gráfica.

Si quieres ver el hilo completo, haz click sobre el texto del tuit. Vuelve después a este blog y te cuento cómo se ha hecho el currículum. Si quieres ver sólo el vídeo, hazlo en la imagen:

Irene se basó en un lyric video (videos musicales de bajo coste que incluyen la letra de las canciones) de una de sus canciones favoritas: «Favourite ex», de Maisie Peters.

El vídeo de Maisie Peters tiene como has visto el formato de teléfono móvil, pero en horizontal. Ella buscó «cómo darle un poco la vuelta» a la idea para «adaptarlo» a lo que quería contar. Después, sólo ha sido necesario «echarle dos o tres días en After Effects», me cuenta. El hilo de Twitter que encabeza el vídeo está basado «en lo que hizo Sergi Santiago (@_sergisantiago en Twitter) hace un par de años». 

La idea original no era esta, sino, revela Irene, crear un corto con un dibujo de ella misma, como el que hizo recientemente con el Character Animator: una animación de Fernando Simón que hizo durante el confinamiento.

Si yo buscase contratar a un periodista, no me lo pensaría demasiado: irene.gamella@gmail.com

¿Qué te ha parecido esta entrada? ¿Tienes también un currículum original o alguna idea interesante para compartir? ¿Me lo cuentas en un correo?